Piel. 

Les voy a hacer una revelación: la piel de los bebés no es suave. Por lo menos al principio; tengamos en cuenta que vienen de un medio acuoso y están adaptándose a uno seco, así que es bastante áspera, si me apuran, hasta escamosa. No sé cuánto tiempo pasa, pero bastante, hasta que lo tocas y reconoces aquella expresión ‘suave como el culito de un bebé’  (ocurre igual con la expresión ‘dormir como un bebe’, ¿perdona?)

El caso es que además, tú bebe puede nacer con piel atópica, lo cual por lo visto es cada vez más común en Canarias, debe de ser por el clima, y entonces te dicen que tienes que tener una serie de cuidados extras. En realidad son pautas y consejos  a los que te puede llevar perfectamente tu sentido común y que son bastante útiles para todos los papás, creo. 

Lo primero es que cuidemos la ropa que le ponemos a nuestros hijos; ya lo dije: sentido común. Busca las prendas 100% de algodón y con los tintes más respetuosos posibles, que estamos hablando de una piel nueva, que nunca ha estado en contacto con nada. 

Lavaremos la ropa siempre antes de que entre en contacto con nuestro bebé, que a saber por dónde ha pasado en su largo periplo desde China o Bangladesh (es así, no se escandalicen, ojalá fuera distinto), y siempre sin suavizante, de hecho, nosotros ya no lo usamos para nada (no te aporta nada y encima te ahorras un dinero). Otra cosa que hay que hacer siempre es descoser si se puede, las etiquetas, para lo que yo uso una herramienta muy pequeñita, rápida y barata; si no se puede, pues las cortamos muy pegadita a a la ropa para que no haga daño a la piel, que luego salen unos ronchones que no veas. 

Descosedor muy práctico.

La siguiente recomendación está relacionada con la hora del baño. Olvídate de los largos baños relajantes con tu bebé, un bañito rápido y fuera, con agua tibia más que caliente y un jabón especial. Nosotros estamos utilizando ahora la gama del Instituto Español, por el momento a Inés le va bien. A ver, que no pasa nada tampoco porque juegue en la bañera un rato, pero vamos, que no es lo ideal para todos los días. 

Al salir del baño, secaremos a nuestro peque con pequeños toquecitos, no seamos brutos, que el niño no ha estado cavando papas y le aplicaremos una crema emoliente, para que la piel se mantenga hidratada. Nosotros combinamos dos, porque además, la piel tiene la particularidad de que se acostumbra, así que es bueno variar: Leti AT4 y la del Instituto Español, y no, no me están pagando por la publi, una lástima. Los aceites no aportan ni suavidad ni hidratación, para que lo sepan, y además he leído que algunas marcas no son precisamente buenas para nuestros peques. 

En verano puede aparecer la sudamina, en forma de pequeñas ronchitas producidas por el sudor, a nosotros en ese caso nos va bien aplicar en la zona un poquito de pasta al agua, igual que en el culito y las marcas que deja el pañal: magia. 

Y lo demás sigue siendo de sentido común: cambios frecuentes de pañal, para que no se roce, pasta al agua en cada cambio y más agua y jabón que toallitas perfumadas para limpiarla. 

Firmado: Mamá.

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Con Inés he aprendido…

Que olvidé todas las letras de canciones infantiles menos Un barquito de cáscara de nuez.

Que todos tenemos un límite por más paciencia de la que presumamos

Que no vale de nada prever cómo va a ser tu hijo, llega y rompe cualquier esquema.

Que si te quejas de que duerme poco siempre habrá algún padre que diga haber sufrido más.

Que si tu hija tiene los ojos claros siempre habrá quien diga que al de él le cambiaron a los tres meses, a los seis, cuando deje de mamar, al año…

Que el tópico de que no quieres a nadie como tu a hijo es verdad absoluta.

Y de que el tiempo pasa más rápido por él, también.

Que la gran mayoría de las leches de fórmula tienen aceite de palma (y es legal).

Que las ciudades, al menos las mías, no están adaptadas para un carrito.

Que la mejor inversión que hemos hecho desde que nació Inés es la mochila de porteo.

Que nacemos con la capacidad de darle a la gente lo que espera de nosotros: instinto de supervivencia.

Que no pasa nada por imaginarme cómo sería mi vida si no estuviera ella porque al segundo la quiero aún más.

Que esto del amor a un hijo parece no va a parar nunca de crecer.

Que soy capaz de dormir en el filo de una navaja si se tercia, pero despertarme sin pensar en cuanto ella me necesite.

Que soy capaz de escribir con una mano, mientras con el otro brazo la sujeto a ella y quito todos los peligros posibles de una mesa de escritorio. Y no se me da mal. Para ejemplo este post.

Que soy capaz.

Firmado: Papá.

Inés 

Inés tiene casi nueve meses y está aprendiendo a gatear, mientras repta hacia atrás y hace la croqueta  sin parar.

 A Inés le cuesta quedarse dormida si se pasa de hora, y se enfada porque está cansada y no puede dormir, y se rasca las orejas y la nariz. 

Inés es una niña buena, inocente, cada vez menos bebé, con la mirada limpia y los ojos también, los más limpios que he visto nunca. 

Inés es bruta, no mide la fuerza y me araña la nariz y la boca si me despisto. 

A Inés le gusta dormir en la cama con papá y con mamá y despertarlos cada mañana con su mejor sonrisa, siempre. 

A Inés le gusta comer de mi teta derecha solamente, sobretodo de madrugada, mientras con su manita me busca la cara como para cerciorarse de que de verdad estoy ahí (y arañarme si me despisto)

Inés a veces grita muy fuerte y le da igual dónde estemos. 

A Inés le gusta mirar a los desconocidos y darse manotazos en la barriga. 

Inés sabe hablar: dice ‘papapapapa’ constantemente y ‘uuuuga’ y ‘tatata’ y hasta ‘te-ta’

Inés es lo más bonito que tengo y ahora mismo está dormida a mi lado en esta suave tarde de sábado que no cambiaría por nada en el mundo.