Lobo. 

Me estoy volviendo un lobo. 

Es curioso, pero a medida que Inés crece voy notando como yo dependo más de ella. Debe de ser porque ella se está volviendo más independiente, porque ya quiere caminar sola; el caso es que, no sé por qué pero cada día me siento con más necesidad de protegerla. ¿ Será que mi cabecita nota que se me empieza a escapar, que ya no es tan bebé?

Tengo el instinto de un lobo y me encanta que mi hija reclame mi atención, pero es agotador. Todo el día detrás de mi, entre mis piernas, corriendo de puntillas con sus mini piernitas en cuanto me ve. Y yo, como un lobo pero derretida de amor cuando me lanza sus manitas para abrazarme. 


Firmado: Mamá. 

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Desde que llegó Inés. 

Desde que tengo a Inés separo la ropa por colores antes de lavarla.

Desde que tengo a Inés me resulta muy fácil bailar en la calle un día cualquiera.

Desde que nació Inés he perdido calidad de vida, si Samantha Villar, no eres la única.

Desde que nació Inés hay más calcetines desparejados, no sé por qué.

Desde que nació Inés la casa está más desordenada y sucia que nunca, y me da igual. Hay cuadros sin colgar, ropa sin colocar y chupas y pañales en los lugares más insospechados.

Desde que nació Inés el tiempo pasa mucho más deprisa.

Desde que nació Inés no he vuelto a dormir una noche del tirón, pero curiosamente no me importa.

Desde que nació Inés hago las cosas porque si, sin que me plantee nada, que hay que bañarla, pues se baña, que hay que ir abuscarla a casa de los abuelos después del curro, pues se va, que hay que hacerle potaje, pues se hace. No hay forma de escaquearse, ni me lo planteo.

Desde que nació Inés cualquier excusa es buena para que Papá y yo nos demos un homenaje casero: un capítulo de una serie, una peli, la final de murgas, la gala Drag, un partido de lo que sea. Cuando antes no nos bastaba mucho para echarnos a la calle a cualquier bar, ahora hacemos lo mismo pero en casa.

Desde que llegó Inés leo muy poco. Intento buscar cualquier hueco, pero no es fácil de encontrar. Puede que sea por lo de los ‘homenajes’ que dije antes.

Desde que nació Inés me siento más completa, más cansada, más plena, más abrumada, más feliz. En fin, podría seguir eternamente…desde que nació Inés…

Firmado: Mamá.

Dos en uno: Navidad y primer cumpleaños 

Como está visto que no tengo tiempo y no quiero que se me acumule también el post de carnavales, pues esta es una entrada doble, que total, fue todo seguidito porque Inés cumple el 22 de enero, por si alguien es nuevo por aquí 😉

Las navidades se nos vinieron encima, por lo menos a mí. Desde finales de noviembre empezó la campaña, cosas de trabajar en una tienda. ¿Conciliación?, no sé lo que es eso, y que conste que siempre digo que tengo mucha suerte porque trabajo en una empresa familiar, pero también tengo más responsabilidades, o eso creo yo. En fin, que hasta después de mediados de enero no fui persona. 

Pues Inés con Papá, con los abuelos y las tías, pasándolo pipa y Mamá reventada. 

Decidimos que no íbamos a poder mantener ninguna rutina con Inés en estas fechas, así que lo poco que  habíamos conseguido con nuestro caballo de batalla, que es la hora de dormir, pues lo perdimos, si es que se puede decir así. 

Así, rápido: en Nochebuena en casa de los abuelos, en Nochevieja Inés  se despertó para las uvas, pero no pudo ver a los Reyes Magos en la cabalgata porque se quedó frita. 

Lo de los regalos era algo que nos preocupaba, a ver si por ser el primer año los Reyes se iban a pasar, pero no, la cosa fue bien. En casa Inés recibió una bolsa enorme de Mega Bloks y una andadora de Vtech, que ha usado un montón, de hecho ahora la está utilizando para ponerse de pie y estrenar sus rodillas. Pongo foto porque está genial, se entretiene una barbaridad. 


Y claro, llegamos al cumple, en plena cuesta de enero, si. 

Decidimos que haríamos una merienda en casa, como cuando nosotros éramos pequeños, nada de alquilar una casa rural y castillos hinchables, preparamos los clásicos sándwiches y básicame hicimos una compra de golosinas y refrescos. Eso si, compramos el mantel y los platos y vasos de la Patrulla Canina, que a Inés le flipa. La tarta también la encargamos con la misma temática, pero ¿les digo algo?, en Mercadona había una de la dichosa Patrulla Canina mucho más discreta que la nuestra, que quedó horrible, más rica y más barata (cosas de mamá novata). 

Tarta digna de cualquier fiesta de Alaska y Mario
Y poco más que decir del primer cumple: vestimos a Inés de niña guapa, con zapatitos y todo, se nos llenó la casa de gente y el otro día me pregunté que en qué momento ha pasado ya un año y yo sin darme cuenta. 

Firmado: Mamá 

No time

Este es un post para que no se olviden de nosotros. Y es que tengo muchas cosas que contar, las primeras navidades con Inés, su primer cumpleaños, y muchas cosas más. Pero es que no he tenido tiempo de ponerme al día, cosas de la conciliación, si he dicho conciliación, aunque en realidad no sepa lo que es.
Pues porque siempre es bueno evadirse y bailar, les dejo por aquí un vídeo bailongo que últimamente no me saco de la cabeza.

Y lo dicho, no se olviden de nosotros.

Firmado: Mamá.

Cosas que estamos haciendo mal.

Hoy sorprendí a Abuela casi que disculpándose con una señora que le había preguntado que si Inés iba a la guardería. Y empecé a pensar en la cantidad de cosas que Papà y Mamá hacemos mal con nuestra hija a ojos de la sociedad.

1. La alimentación y sus variantes. 

Aquí por supuesto la lactancia se lleva la palma. Que si no tengo suficiente leche, que la niña se queda con hambre, que en cuanto deje de mamar va a dormir más… El otro día leí un artículo de Armando Bastida que hablaba de la gente que quiere decirle algo a los padres y utiliza a los hijos como dirigiéndose a ellos cuando en realidad están hablándole a los padres; y es verdad. Por ejemplo: ‘huy, que mayor estás ya, dile a tu mami que te de un bocata de chorizo’. Como esa todos los días. En realidad es la alimentación de nuestra hija lo que genera más conflictos a nuestro alrededor. Ha habido tantos cambios de una generación a otra, hablo de lo que recomiendan los pediatras, que esto genera mucha polémica con nuestros padres y abuelos. Por ejemplo, mi primer potaje fue de acelgas, recetado por el pediatra, sin embargo, hoy Inés aún no ha probado las verduras de hoja verde. 

2. La hora de dormir. 

Cada bebé es único, y tiene sus manías igual que los adultos. Una de las cosas que se oye también mucho es: ‘porque Fulanito puso a su hijo a dormir en su cuarto solo desde los 4 meses…’ Te lo dejan caer así como quien no quiere la cosa, para que tú lo sepas, que hay vida más allá del colecho. 

Yo misma era de las que pensaba que iba a pasarla a su cuarto lo antes posible, pero hay que ver cómo cambia el cuento. Teniendo en cuenta que Inés se despierta varias veces por la noche buscando la chupa, pues que quieren que les diga, me parece más cómodo tenerla al lado, y me encanta, además. Ya habrá tiempo para que se vaya a su cuarto y lo disfrute. 

3. La chupa 

O  Santa Chupa, como la llamamos nosotros más de una vez. Que si se le van a torcer los dientes, que si luego no te coge el pecho, que si se va a hacer dependiente de ella. Lo único que sé es que le calma la ansiedad, por mi, genial, y por ella también. 

4. La mochila. 

Nunca pensé que el porteo generase tanta controversia, de verdad. Cuando me quedé embarazada fue lo primero que me compré: un foulard elástico azul marino que va con todo. Con el tiempo me he pasado a la mochila porque me parece más práctico para mí, pero sigo usando el foulard de vez en cuando. 

Pues bien, he de decir que mi entorno ahora lo ve estupendamente, pero costó. ‘Se te va a caer, ten cuidado’, ‘¿no está demasiado apretada ahí dentro?’, ‘huy, pero tiene que estar pasando muchísimo frío’ (o calor, según el tiempo que hiciese ese día), ‘ojo, que ahí se te acostumbra a los brazos y a ver qué haces luego’. Podría seguir un rato más, pero bueno. 

Hay muchas cosas más que Papá y yo estamos haciendo mal, pero ¿saben que?, voy a terminar aquí y así tengo para otra entrada futura 😜

Firmado: Mamá. 

Piel. 

Les voy a hacer una revelación: la piel de los bebés no es suave. Por lo menos al principio; tengamos en cuenta que vienen de un medio acuoso y están adaptándose a uno seco, así que es bastante áspera, si me apuran, hasta escamosa. No sé cuánto tiempo pasa, pero bastante, hasta que lo tocas y reconoces aquella expresión ‘suave como el culito de un bebé’  (ocurre igual con la expresión ‘dormir como un bebe’, ¿perdona?)

El caso es que además, tú bebe puede nacer con piel atópica, lo cual por lo visto es cada vez más común en Canarias, debe de ser por el clima, y entonces te dicen que tienes que tener una serie de cuidados extras. En realidad son pautas y consejos  a los que te puede llevar perfectamente tu sentido común y que son bastante útiles para todos los papás, creo. 

Lo primero es que cuidemos la ropa que le ponemos a nuestros hijos; ya lo dije: sentido común. Busca las prendas 100% de algodón y con los tintes más respetuosos posibles, que estamos hablando de una piel nueva, que nunca ha estado en contacto con nada. 

Lavaremos la ropa siempre antes de que entre en contacto con nuestro bebé, que a saber por dónde ha pasado en su largo periplo desde China o Bangladesh (es así, no se escandalicen, ojalá fuera distinto), y siempre sin suavizante, de hecho, nosotros ya no lo usamos para nada (no te aporta nada y encima te ahorras un dinero). Otra cosa que hay que hacer siempre es descoser si se puede, las etiquetas, para lo que yo uso una herramienta muy pequeñita, rápida y barata; si no se puede, pues las cortamos muy pegadita a a la ropa para que no haga daño a la piel, que luego salen unos ronchones que no veas. 

Descosedor muy práctico.

La siguiente recomendación está relacionada con la hora del baño. Olvídate de los largos baños relajantes con tu bebé, un bañito rápido y fuera, con agua tibia más que caliente y un jabón especial. Nosotros estamos utilizando ahora la gama del Instituto Español, por el momento a Inés le va bien. A ver, que no pasa nada tampoco porque juegue en la bañera un rato, pero vamos, que no es lo ideal para todos los días. 

Al salir del baño, secaremos a nuestro peque con pequeños toquecitos, no seamos brutos, que el niño no ha estado cavando papas y le aplicaremos una crema emoliente, para que la piel se mantenga hidratada. Nosotros combinamos dos, porque además, la piel tiene la particularidad de que se acostumbra, así que es bueno variar: Leti AT4 y la del Instituto Español, y no, no me están pagando por la publi, una lástima. Los aceites no aportan ni suavidad ni hidratación, para que lo sepan, y además he leído que algunas marcas no son precisamente buenas para nuestros peques. 

En verano puede aparecer la sudamina, en forma de pequeñas ronchitas producidas por el sudor, a nosotros en ese caso nos va bien aplicar en la zona un poquito de pasta al agua, igual que en el culito y las marcas que deja el pañal: magia. 

Y lo demás sigue siendo de sentido común: cambios frecuentes de pañal, para que no se roce, pasta al agua en cada cambio y más agua y jabón que toallitas perfumadas para limpiarla. 

Firmado: Mamá.

Con Inés he aprendido…

Que olvidé todas las letras de canciones infantiles menos Un barquito de cáscara de nuez.

Que todos tenemos un límite por más paciencia de la que presumamos

Que no vale de nada prever cómo va a ser tu hijo, llega y rompe cualquier esquema.

Que si te quejas de que duerme poco siempre habrá algún padre que diga haber sufrido más.

Que si tu hija tiene los ojos claros siempre habrá quien diga que al de él le cambiaron a los tres meses, a los seis, cuando deje de mamar, al año…

Que el tópico de que no quieres a nadie como tu a hijo es verdad absoluta.

Y de que el tiempo pasa más rápido por él, también.

Que la gran mayoría de las leches de fórmula tienen aceite de palma (y es legal).

Que las ciudades, al menos las mías, no están adaptadas para un carrito.

Que la mejor inversión que hemos hecho desde que nació Inés es la mochila de porteo.

Que nacemos con la capacidad de darle a la gente lo que espera de nosotros: instinto de supervivencia.

Que no pasa nada por imaginarme cómo sería mi vida si no estuviera ella porque al segundo la quiero aún más.

Que esto del amor a un hijo parece no va a parar nunca de crecer.

Que soy capaz de dormir en el filo de una navaja si se tercia, pero despertarme sin pensar en cuanto ella me necesite.

Que soy capaz de escribir con una mano, mientras con el otro brazo la sujeto a ella y quito todos los peligros posibles de una mesa de escritorio. Y no se me da mal. Para ejemplo este post.

Que soy capaz.

Firmado: Papá.