Rutinas de sueño. 

Cada día es una aventura con Inés aquí. Siempre hay algo nuevo que descubrir (ella lo descubre y los padres nos quedamos horas admirándola maravillados, es así), y lo más curioso es que todo cambia a mucha velocidad, Me explico: los trucos que empleas hoy para dormirla probablemente no funcionarán mañana. Es por esto que también es una aventura, porque no te permite relajarte, tienes que estar alerta, inventándote cualquier cosa para que se duerma, y me imagino que esto va a más a medida que crezca, ¿no? (se permiten comentarios, mamás expertas)

Para dormir a Inés el único absoluto que funciona siempre, siempre, es la teta (santa teta), a partir de ahí, pues cuaquier cosa que se nos ocurra. Al principio descubrimos Baby Tv; de madrugada la sala solía llenarse de colores muy vivos y música repetitiva, Inés se dormía y los papás también. Ahora no funciona tan bien, debe ser que ha crecido (tiene 4 meses, toda una mujer), pero el caso es que no le llama tanto la atención. Lo que sigue funcionando desde siempre es acariciarle la frente, entre los ojos cuando tiene sueño, es como cerrar las persianas. El porteo (santo porteo también) le encanta y normalmente es automático, recuerdo más de una noche de cólicos con el fular puesto caminando en pijama por toda la casa. Y últimamente hemos descubierto que hay un cd que la ayuda a dormir: son tres volúmenes y se llama Meditación para bebés
Otra cosa con la que hay que experimentar es con el lugar donde duerme y cómo. Cada persona tiene sus manías; Inés no iba a ser menos. Al principio dormía con nosotros en la cama, entre otras cosas porque se perdía en la mini cuna, después optamos por pasarla de madrugada al capazo del cochecito, estuvimos un tiempo calentando las sábanas de su cunita antes de acostarla y parece que funcionó. Ahora normalmente la duermo en brazos (no pienso culparme por eso) y la pongo en la mini cuna y por la mañana temprano, cuando se despierta para comer la paso a la cama con nosotros y disfrutamos un rato durmiendo los tres juntos. Eso sí, si pudiera volver para atrás, y esto no es publicidad, me compraba la cuna de colecho o algo similar, no la he probado, pero me parece cómoda. Así que en realidad no hay una rutina para dormir, hay muchas. 

Eso sí, yo muero de amor cuando la acuno en brazos y se va quedando dormida mirándome a los ojos, y no pienso culparme por ello, es el mejor momento del día. 

Firmado: Mamá. 

Pendientes

Creo que no lo había pasado peor en mi vida como el dia en que  le pusieron los pendientes a Inés. Si, es una tonteria y una exageración, pero así fue. Si pudiera volver para atrás no se los pondría, que se los ponga ella cuando le de la gana. 
Sabía que no quería ponerselos, pero transijí porque la parte mas racional de mi cerebro me decía que era una estupidez. Es cierto que era muy pequeña y que no le ha supuesto ningún tipo de trauma, pero que quieren que les diga, a mí si. No estuve presente en el momento, lo estaba el padre, pero la oí llorar desde fuera y cuando entré dispuesta a darle teta sinceramente, me derrumbé. Ella ya estaba bien (santa teta), pero para mi era como si le hubiesen quitado parte de la perfección con la que nació, era un poco menos mía, era más  del mundo y la verdad es que me dolió mucho. 
Ya he dicho que era una tontería, pero pensándolo a posteriori creo que mi reacción, mi miedo, es porque cuando un bebé nace es perfecto, pero enseguida comienza a degradarse; me explico, es el ciclo inevitable de la vida, nacemos para morir, nuestro cuerpo se esta degradando. De esto tambien me di cuenta al comparar la piel de mis manos con la de Inés,tan pura y limpia, sin manchas, sin arrugas ni cicatrices. 
Así que, ¿por qué marcarnos desde tan pequeños?, disfrutemos de la piel en su esplendor, de los tejidos y las formas de cuerpo como son en un principio. No me disgusta ahora ver a mi hija con pendientes, pero ojalá no se los hubiera puesto, vaya tontería, ¿no?

Firmado: Mamá.

  

Vértigo

Escribí esto hace bastante tiempo ya, sirva como entradilla para este blog. 

Vértigo. De repente casi estoy entrando en el tercer y último trimestre y casi ni me he dado cuenta. Todo ha sido diferente a como me esperaba. Es verdad que he tenido, o mejor dicho, estoy teniendo un embarazo estupendo; y más estas últimas semanas, que me encuentro con más energía. Pero también es verdad que al final no he hecho nada de lo que se supone que hacen las embarazadas, no he ‘vivido’ mi embarazo como una etapa crucial en mi vida (que lo es), no me he sacado fotos de la tripa cada mes, en definitiva, creo que todavía no he hecho eso que dicen de ‘disfrutar de tu embarazo’. Es más, me propuse escribir un blog con mis ideas y reflexiones acerca de todo este asunto y no lo he hecho, sencillamente por falta de tiempo. 

Desde que supe que estaba embarazada, allá por principios de verano, mi idea ha sido: cuando me den la baja haré un montón de cosas, podré dedicarme a hacer una línea de Elektra en condiciones, me apuntaré a la piscina, me apuntaré a la Uned para sacar una asignatura, en fin. Pues bien, nada de eso, aún no tengo la baja, el trabajo se ha complicado muchísimo y de repente esta noche lo veo todo en el aire, y mi barriga sigue creciendo, y yo sigo sin ‘disfrutar de mi embarazo’, aunque igual es que no sé cómo se hace eso. 

Lo único que sé es que cada vez veo más cerca el final de esta etapa de nueve meses que se están pasando a la velocidad del rayo, y que a mi, de repente, me han entrado unas ganas locas de hacer cosas: viajes, conciertos, lo que pille, porque creo que en febrero, o antes, voy a crecer de golpe y siento como si de repente mi vida ya no va a ser mi vida, como si ya no fuera a divertirme nunca más, como si fuera a ser otra persona a partir del nacimeinto de Inés. Y eso me asusta porque me gusta como soy y me gusta lo que tengo ahora en mi vida. 

Me gusta comprarme libros ilustrados, me gusta comprarme figuritas infantiles y cualquier cosa naif que pueda colocar en algún rincón de mi casa o colgar en alguna puerta. Me gusta reírme con Domingo y hablar tonterías y sin tapujos. Me gusta tener el coche lleno de cosas, me gusta mi lavadora fucsia y mis láminas tímidamente ofensivas colgadas en el salón. Me gusta tener banderitas de cumpleaños en las paredes y fotos mías en sujetador en la puerta del comedor. 

Pero a veces pienso que en febrero, o antes, con la llegada de Inés, voy a tener que meter todas esas cosas en una caja y guardarlas para siempre. Pienso: mi madre no tiene una lavadora fucsia en el salón, ni cubiertos colgando de una lámpara; ella tiene una colección de teteras y muchas cajas en el altillo. 

No quiero convertirme en una madre, quiero ser la madre de Inés, pero seguir siendo yo. No me gustan los cambios, nunca me han gustado y este será el mayor cambio de mi vida con diferencia, y lo he decidido yo, curioso, ¿no?

Esto lo escribí allá por octubre de 2015. Ya ha pasado tiempo, por fin #InésIsHere, la lavadora fucsia sigue en su lugar, pero todo ha cambiado (para mejor). Creo que es el momento de escribir este blog, para que papá y mamá puedan expresarse, porque hay mucho, pero mucho que contar sobre paternidad. 

Firmado: Mamá