De vacaciones con Inés 

Estas fueron nuestras primeras vacaciones en familia. Este año decidimos quedarnos por la zona, es decir, por el archipiélago, en lugar de irnos a la Península. Nos decidimos por ir a Lanzarote con parte del resto de la familia, así en plan tranquilo, en parte por nuestra inexperiencia con Inés y en parte porque queríamos un plan suave, de descanso. Aun así y es de lo que va esta entrada, no dejaba de ser el primer viaje de nuestra niña.

Lo primero fue averiguar si necesitaba sacarle el DNI a Inés, y lo cierto es que no, no hace falta, lo que sí nos pidieron fue el certificado de residencia, que en el caso de Canarias en realidad es bastante común, así que listo, lo sacamos digitalmente y sin problemas.


La mayor incertidumbre la teníamos con respecto al viaje en avión; preguntamos al pediatra y nos dijo que sin problema, que nos recomendaba, eso si, que le diera pecho en el despegue y en el aterrizaje, por aquello de la presión en los oídos, creo. Esto sin embargo sí que nos supuso un pequeño problema a la hora del vuelo, puesto que, es muy complicado darle pecho a un bebé en la posición en la que se tiene que colocar por seguridad, esto es, sobre las rodillas de la madre (en este caso) y acoplada al cinturón.

Y en este punto me gustaría hacer una reflexión.


Nosotros llevábamos a Inés en la mochila porque nos parecía más cómodo para todos y así la subí al avión, pero una vez allí tuve que colocarla como ya he dicho: sentada sobre mis rodillas mirando hacia adelante. En primer lugar no es una postura nada natural para un bebé de seis meses y en segundo lugar, he reflexionado que me parece más seguro que fuera como yo la llevaba en la mochila: pegada a mí y a contramarcha, de manera que si pasara algo no se diera de cara contra el asiento de delante que, dicho sea de paso, está a 5mm, bueno, exagero, pero no mucho. No sé, es una idea que me surgió.

El caso es que el vuelo fue bastante bien, Inés no estuvo nada molesta y pude darle teta de todas formas. Si bien, es cierto que el vuelo Tenerife-Lanzarote dura un suspiro.

Otra de mis preocupaciones era el calor y además se había anunciado una ola de calor. Leí mucho, me descargue un pdf con recomendaciones y todo, y nos preocupamos de alquilar un coche con aire acondicionado. Todo fue bien, por suerte. Ventilábamos y refrescábamos el coche antes de subir, mucho protector solar y evitamos por supuesto las horas centrales del día para ir a la playa. Nos dimos unos increíbles baños al atardecer. Y algo curioso que no sabía, no sé si es a la mía o es algo en general de los bebés, pero a Inés no le gusta beber agua, pero nada de nada, así que se incrementó la demanda de teta, y yo feliz, que quieren que les diga.
Por otra parte, una de las cosas que he averiguado estas vacaciones es que hay hoteles e incluso restaurantes que no son “baby friendly”, es decir, que no quieren que haya niños por ahí, vaya. Me llamó mucho la atención un restaurante en Arrecife que nos dijo que no tenía mesa libre cuando en realidad sí que habían varias; se me ocurrió mirar en internet y tenía varios quejas  diciendo que no les habían permitido entrar con carros, porque quitaban espacio.


Así pues, hemos pasado unas vacaciones en familia tranquilas, relajadas, disfrutando. Hemos pasado Papá y yo las 24 horas del día juntos y con Inés; ha sido nuevo, intenso y bonito. Ahora viene la vuelta al curro, el tener que dejar a Inés con los abuelos y abuelas y echarla mucho de menos los ratos que no la tenemos.
Y verla crecer casi por días. El último día de las vacaciones lo dediqué a quitar la ropa que le queda pequeña y lo crean o no me deprimí un montón, es increíble lo rápido que pasa el tiempo.


Firmado: Mamá.

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