Mi hija no me deja dormir. 

Hoy es una de esas noches. Aquí estoy, a las 6 de la mañana sin pegar ojo. 

No es que Inés llore, no. Es que desde que nació creo que hemos ido empatando unos episodios con otros. 

Empecemos por el octavo mes de embarazo. Directamente, ese mes no dormí nada, al menos por las noches. Tenía unos picores en las plantas de los pies que hacían que por las noches quisiera morirme, no es broma, no. El día 21 de enero, mi médico y mi ginecóloga decidieron que me tomara una pastilla más fuerte para eliminar los picores pero poder vivir. Bueno, pues cuando por fin logré dormir por primera vez en casi un mes, rompí aguas, a eso de las 6 de la mañana del 22 de enero, 15 días antes de lo previsto. 

Pues creo que desde ese momento he dormido toda la noche, seguida, como tres o cuatro veces nada más. 

Como digo, con Inés hemos ido empatando un episodio tras otro. 

Cuando nació porque comía a demanda, a eso se sumaron los cólicos del lactante, aunque teniendo en cuenta lo que he oido por ahí, lo nuestro fue coser y cantar. 

Después, cuando ya come de todo, que le das un baño, la cena y la acuestas a dormir, te crees que todo irá mejor, que la cosa se ordenará, pero no, a Inés le cuesta horrores dormirse. Creo que ya lo he dicho anteriormente (es que es mi principal queja y si no lo digo reviento); ni baño, ni cena, ni masaje relajante, ni privación de estímulos sonoros o audiovisuales, nada, Inés se duerme a eso de las 23h. Y Mamá y Papá reventados, sin poder cenar, sin poder hablar ni ver una peli (agradezco desde aquí al canal series, que es lo máximo que nos podemos permitir por tiempo).


Una vez que Inés se ha dormido, eso si, sin aspavientos ni perreras, la verdad, pero con una necesidad de atención constantes, empiezan las ¿pesadillas?, ¿terrores nocturnos?; no sé lo que es, pero hay noches como la de hoy que incluso grita. Aunque basta con que se de vuelta en la cuna o que pierda la chupa para que ya balbucee y allí esté su madre a ver qué pasa. 

En concreto hoy es uno de esas noches de pesadilla, así que a la cama con Papá y Mamá. Pero Mamá ya no puede dormir, porque es empezar a abandonarse en los brazos de Morfeo, así suavemente, poquito a poco y de repente oír un gritito en la oreja. Así que me he levantado a pintar, a ver si así me relajo. 

Buenas noches…o buenos días. 

Firmado: Mamá. 

Lobo. 

Me estoy volviendo un lobo. 

Es curioso, pero a medida que Inés crece voy notando como yo dependo más de ella. Debe de ser porque ella se está volviendo más independiente, porque ya quiere caminar sola; el caso es que, no sé por qué pero cada día me siento con más necesidad de protegerla. ¿ Será que mi cabecita nota que se me empieza a escapar, que ya no es tan bebé?

Tengo el instinto de un lobo y me encanta que mi hija reclame mi atención, pero es agotador. Todo el día detrás de mi, entre mis piernas, corriendo de puntillas con sus mini piernitas en cuanto me ve. Y yo, como un lobo pero derretida de amor cuando me lanza sus manitas para abrazarme. 


Firmado: Mamá. 

Desde que llegó Inés. 

Desde que tengo a Inés separo la ropa por colores antes de lavarla.

Desde que tengo a Inés me resulta muy fácil bailar en la calle un día cualquiera.

Desde que nació Inés he perdido calidad de vida, si Samantha Villar, no eres la única.

Desde que nació Inés hay más calcetines desparejados, no sé por qué.

Desde que nació Inés la casa está más desordenada y sucia que nunca, y me da igual. Hay cuadros sin colgar, ropa sin colocar y chupas y pañales en los lugares más insospechados.

Desde que nació Inés el tiempo pasa mucho más deprisa.

Desde que nació Inés no he vuelto a dormir una noche del tirón, pero curiosamente no me importa.

Desde que nació Inés hago las cosas porque si, sin que me plantee nada, que hay que bañarla, pues se baña, que hay que ir abuscarla a casa de los abuelos después del curro, pues se va, que hay que hacerle potaje, pues se hace. No hay forma de escaquearse, ni me lo planteo.

Desde que nació Inés cualquier excusa es buena para que Papá y yo nos demos un homenaje casero: un capítulo de una serie, una peli, la final de murgas, la gala Drag, un partido de lo que sea. Cuando antes no nos bastaba mucho para echarnos a la calle a cualquier bar, ahora hacemos lo mismo pero en casa.

Desde que llegó Inés leo muy poco. Intento buscar cualquier hueco, pero no es fácil de encontrar. Puede que sea por lo de los ‘homenajes’ que dije antes.

Desde que nació Inés me siento más completa, más cansada, más plena, más abrumada, más feliz. En fin, podría seguir eternamente…desde que nació Inés…

Firmado: Mamá.

Carnaval de día 

Nuestro primer carnaval de día con Inés se resume así rapidito en un par (o más) de puntos. 

1. Es un gran invento, muy divertido. Y yo que pensaba que sólo podía pasarlo bien de noche en carnavales. 

2. Imprescindible disfrazarse, tooodo el mundo, no me vale que los papás vayan de calle y los niños disfrazados. Con una peluca o la cara pintada es más que suficiente, no me sean sosos. 


3. Es posible ir con cochecito de bebé, nosotros fuimos con mochila, pero reconozco que los 10 kg de Inés terminan cansando; eso sí, nos metimos por todas partes. Con el carro será más limitado, pero lo veo factible. 

4. Se recomienda ir desde por la mañana, a eso de las 12 es buena hora, creo, aunque nosotros bajamos a las 3 y aquello estaba en pleno auge. 


5. Y esto es una recomendación en general para los carnavales: si estás dentro del mogollón y quieres avanzar, hazlo al ritmo de la música, baila mientras caminas y es más fácil y además divertido. 

Nos vemos en la calle. 

Firmado: Mamá carnavalera. 

Dos en uno: Navidad y primer cumpleaños 

Como está visto que no tengo tiempo y no quiero que se me acumule también el post de carnavales, pues esta es una entrada doble, que total, fue todo seguidito porque Inés cumple el 22 de enero, por si alguien es nuevo por aquí 😉

Las navidades se nos vinieron encima, por lo menos a mí. Desde finales de noviembre empezó la campaña, cosas de trabajar en una tienda. ¿Conciliación?, no sé lo que es eso, y que conste que siempre digo que tengo mucha suerte porque trabajo en una empresa familiar, pero también tengo más responsabilidades, o eso creo yo. En fin, que hasta después de mediados de enero no fui persona. 

Pues Inés con Papá, con los abuelos y las tías, pasándolo pipa y Mamá reventada. 

Decidimos que no íbamos a poder mantener ninguna rutina con Inés en estas fechas, así que lo poco que  habíamos conseguido con nuestro caballo de batalla, que es la hora de dormir, pues lo perdimos, si es que se puede decir así. 

Así, rápido: en Nochebuena en casa de los abuelos, en Nochevieja Inés  se despertó para las uvas, pero no pudo ver a los Reyes Magos en la cabalgata porque se quedó frita. 

Lo de los regalos era algo que nos preocupaba, a ver si por ser el primer año los Reyes se iban a pasar, pero no, la cosa fue bien. En casa Inés recibió una bolsa enorme de Mega Bloks y una andadora de Vtech, que ha usado un montón, de hecho ahora la está utilizando para ponerse de pie y estrenar sus rodillas. Pongo foto porque está genial, se entretiene una barbaridad. 


Y claro, llegamos al cumple, en plena cuesta de enero, si. 

Decidimos que haríamos una merienda en casa, como cuando nosotros éramos pequeños, nada de alquilar una casa rural y castillos hinchables, preparamos los clásicos sándwiches y básicame hicimos una compra de golosinas y refrescos. Eso si, compramos el mantel y los platos y vasos de la Patrulla Canina, que a Inés le flipa. La tarta también la encargamos con la misma temática, pero ¿les digo algo?, en Mercadona había una de la dichosa Patrulla Canina mucho más discreta que la nuestra, que quedó horrible, más rica y más barata (cosas de mamá novata). 

Tarta digna de cualquier fiesta de Alaska y Mario
Y poco más que decir del primer cumple: vestimos a Inés de niña guapa, con zapatitos y todo, se nos llenó la casa de gente y el otro día me pregunté que en qué momento ha pasado ya un año y yo sin darme cuenta. 

Firmado: Mamá 

No time

Este es un post para que no se olviden de nosotros. Y es que tengo muchas cosas que contar, las primeras navidades con Inés, su primer cumpleaños, y muchas cosas más. Pero es que no he tenido tiempo de ponerme al día, cosas de la conciliación, si he dicho conciliación, aunque en realidad no sepa lo que es.
Pues porque siempre es bueno evadirse y bailar, les dejo por aquí un vídeo bailongo que últimamente no me saco de la cabeza.

Y lo dicho, no se olviden de nosotros.

Firmado: Mamá.

Cosas que estamos haciendo mal.

Hoy sorprendí a Abuela casi que disculpándose con una señora que le había preguntado que si Inés iba a la guardería. Y empecé a pensar en la cantidad de cosas que Papà y Mamá hacemos mal con nuestra hija a ojos de la sociedad.

1. La alimentación y sus variantes. 

Aquí por supuesto la lactancia se lleva la palma. Que si no tengo suficiente leche, que la niña se queda con hambre, que en cuanto deje de mamar va a dormir más… El otro día leí un artículo de Armando Bastida que hablaba de la gente que quiere decirle algo a los padres y utiliza a los hijos como dirigiéndose a ellos cuando en realidad están hablándole a los padres; y es verdad. Por ejemplo: ‘huy, que mayor estás ya, dile a tu mami que te de un bocata de chorizo’. Como esa todos los días. En realidad es la alimentación de nuestra hija lo que genera más conflictos a nuestro alrededor. Ha habido tantos cambios de una generación a otra, hablo de lo que recomiendan los pediatras, que esto genera mucha polémica con nuestros padres y abuelos. Por ejemplo, mi primer potaje fue de acelgas, recetado por el pediatra, sin embargo, hoy Inés aún no ha probado las verduras de hoja verde. 

2. La hora de dormir. 

Cada bebé es único, y tiene sus manías igual que los adultos. Una de las cosas que se oye también mucho es: ‘porque Fulanito puso a su hijo a dormir en su cuarto solo desde los 4 meses…’ Te lo dejan caer así como quien no quiere la cosa, para que tú lo sepas, que hay vida más allá del colecho. 

Yo misma era de las que pensaba que iba a pasarla a su cuarto lo antes posible, pero hay que ver cómo cambia el cuento. Teniendo en cuenta que Inés se despierta varias veces por la noche buscando la chupa, pues que quieren que les diga, me parece más cómodo tenerla al lado, y me encanta, además. Ya habrá tiempo para que se vaya a su cuarto y lo disfrute. 

3. La chupa 

O  Santa Chupa, como la llamamos nosotros más de una vez. Que si se le van a torcer los dientes, que si luego no te coge el pecho, que si se va a hacer dependiente de ella. Lo único que sé es que le calma la ansiedad, por mi, genial, y por ella también. 

4. La mochila. 

Nunca pensé que el porteo generase tanta controversia, de verdad. Cuando me quedé embarazada fue lo primero que me compré: un foulard elástico azul marino que va con todo. Con el tiempo me he pasado a la mochila porque me parece más práctico para mí, pero sigo usando el foulard de vez en cuando. 

Pues bien, he de decir que mi entorno ahora lo ve estupendamente, pero costó. ‘Se te va a caer, ten cuidado’, ‘¿no está demasiado apretada ahí dentro?’, ‘huy, pero tiene que estar pasando muchísimo frío’ (o calor, según el tiempo que hiciese ese día), ‘ojo, que ahí se te acostumbra a los brazos y a ver qué haces luego’. Podría seguir un rato más, pero bueno. 

Hay muchas cosas más que Papá y yo estamos haciendo mal, pero ¿saben que?, voy a terminar aquí y así tengo para otra entrada futura 😜

Firmado: Mamá.