El horror.

A veces me horroriza el ser humano, así como me maravilla.

Estos días hemos asistido a la resolución terrible de un suceso terrible: la desaparición de un niño de 8 años se saldaba con el descubrimiento de su cadáver y la detención de, digámoslo así, su madrastra como autora confesa del crimen.

No quiero entrar en pormenores y en datos porque apenas los conozco, mejor dicho, no he querido conocerlos. Y a eso voy.  Siempre me he considerado una persona muy empática, pero desde que nació Inés puedo afirmar que mi empatía se ha multiplicado exponencialmente, sobre todo en lo que respecta a temas de niños y de paternidad, supongo que les pasará a todas las mamás, no lo sé.

Lo que yo quería decir a todas estas es que estoy horrorizada. Horrorizada por la desaparición de un niño, horrorizada por el desenlace; soy incapaz de imaginarme cómo debe estar pasándolo la familia, es inconcebible para mí, debe de ser un dolor insoportable, eterno. Pero es que estoy horrorizada por cómo ha reaccionado el pueblo cuando detuvieron a la autora del asesinato, con una concentración espontánea en la que se pedía hasta la lapidación de la individua. Y yo dejo aquí una reflexión: ¿hacia dónde nos lleva esto?, ¿en qué punto nos coloca esto como seres civilizados?

Yo también estoy triste por este desgraciado suceso, indignada, dolorida, pero no creo que la solución sea rebajarnos hasta ponernos a la altura de esta asesina. Aquello de lo de ojo por ojo nunca nos llevó a nada bueno.

Sólo deseo que nadie nunca más tenga que pasar por algo así, que la familia pueda hallar algún tipo de consuelo y de tranquilidad.

Descansa en paz, Gabriel.

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Perdón

Hoy quiero pedir perdón. Perdón por tener una tienda pequeña, por tener un horario partido. Quiero pedir perdón a mi familia, muy particularmente a mi pareja y a mi hija. Quiero pedir perdón por todas las faltas, por los conciertos a los que no he podido ir, por las exposiciones perdidas, por los planes aplazados.

Quiero pedir perdón por no desconectar, por llevarme trabajo a casa, por llegar más tarde por quedarme haciendo cosas en la tienda.

Especialmente quiero pedir perdón por las navidades, por las de antes y sobretodo por las futuras: perdóname Inés. Por no ir contigo a ver belenes, por no llevarte a ver las luces de la ciudad, por no ir a verte al cole cuando toque, por llegar agotada a casa, por no poder jugar contigo todo lo que quisiera, por todo eso y por más (y no solo en navidad)

Quiero pedir perdón a las musas, porque ya no las encuentro, a los escritores, porque ya no los leo, a Elektra, porque debería dedicarle más tiempo para que fuera rentable.

Perdón por las malas caras, por los nervios acumulados, por los llantos. Perdón y gracias.

Gracias Dom por aguantarme, por soportarme y empujarme. Y gracias Inés por regalarme siempre, siempre, tus sonrisas, tus manitas y tus palabras. Verte correr hacia mí cuando atravieso la puerta de casa es un bálsamo.

Firmado: Mamá.

Viaja seguro

A Inés no le gusta el coche, de hecho, muchas veces vomita durante el trayecto, aunque sea corto.

Hasta ahora viajaba a contramarcha en una silla Chicco, pero ya se le estaba quedando pequeña, así que para cambiarla, optamos por seguir a contramarcha, porque para nosotros prima la seguridad por encima de todo.

Imagínense un choque leve, como consecuencia un latigazo cervical; ahora trasladen eso a un bebé o niño pequeño. Nada más que decir a este respecto.

Para buscar el SRI (sistema de retención infantil) más adecuado para nosotros leí mucho y finalmente recurrí a la profesionalidad de Seguridad Vial en Familia y posteriormente al asesoramiento de Alicia, de Bebé Seguro. Pregunté y me resolvieron mis dudas a las mil maravillas. Y eso que no tenía pocos requisitos, precisamente.

Pedí una silla, por supuesto a contramarcha, que no fuera muy cara y que durara mucho, por lo menos hasta los 4 años. Y existe; es la Diono Radian 5.

Quedé con Alicia y probamos la silla, que por suerte cupo muy bien en el coche; Inés pudo probarla también y así se pudo ajustar a su altura y pudimos ver que iba cómoda.

Y ya está, es un desembolso de dinero que amortizas enseguida y lo más importante: Inés va muy segura y los papás muy tranquilos. Eso sí, sigue sin gustarle el coche, qué se le va a hacer.

Firmado: Mamá.

Mi hija no me deja dormir. 

Hoy es una de esas noches. Aquí estoy, a las 6 de la mañana sin pegar ojo. 

No es que Inés llore, no. Es que desde que nació creo que hemos ido empatando unos episodios con otros. 

Empecemos por el octavo mes de embarazo. Directamente, ese mes no dormí nada, al menos por las noches. Tenía unos picores en las plantas de los pies que hacían que por las noches quisiera morirme, no es broma, no. El día 21 de enero, mi médico y mi ginecóloga decidieron que me tomara una pastilla más fuerte para eliminar los picores pero poder vivir. Bueno, pues cuando por fin logré dormir por primera vez en casi un mes, rompí aguas, a eso de las 6 de la mañana del 22 de enero, 15 días antes de lo previsto. 

Pues creo que desde ese momento he dormido toda la noche, seguida, como tres o cuatro veces nada más. 

Como digo, con Inés hemos ido empatando un episodio tras otro. 

Cuando nació porque comía a demanda, a eso se sumaron los cólicos del lactante, aunque teniendo en cuenta lo que he oido por ahí, lo nuestro fue coser y cantar. 

Después, cuando ya come de todo, que le das un baño, la cena y la acuestas a dormir, te crees que todo irá mejor, que la cosa se ordenará, pero no, a Inés le cuesta horrores dormirse. Creo que ya lo he dicho anteriormente (es que es mi principal queja y si no lo digo reviento); ni baño, ni cena, ni masaje relajante, ni privación de estímulos sonoros o audiovisuales, nada, Inés se duerme a eso de las 23h. Y Mamá y Papá reventados, sin poder cenar, sin poder hablar ni ver una peli (agradezco desde aquí al canal series, que es lo máximo que nos podemos permitir por tiempo).


Una vez que Inés se ha dormido, eso si, sin aspavientos ni perreras, la verdad, pero con una necesidad de atención constantes, empiezan las ¿pesadillas?, ¿terrores nocturnos?; no sé lo que es, pero hay noches como la de hoy que incluso grita. Aunque basta con que se de vuelta en la cuna o que pierda la chupa para que ya balbucee y allí esté su madre a ver qué pasa. 

En concreto hoy es uno de esas noches de pesadilla, así que a la cama con Papá y Mamá. Pero Mamá ya no puede dormir, porque es empezar a abandonarse en los brazos de Morfeo, así suavemente, poquito a poco y de repente oír un gritito en la oreja. Así que me he levantado a pintar, a ver si así me relajo. 

Buenas noches…o buenos días. 

Firmado: Mamá. 

Lobo. 

Me estoy volviendo un lobo. 

Es curioso, pero a medida que Inés crece voy notando como yo dependo más de ella. Debe de ser porque ella se está volviendo más independiente, porque ya quiere caminar sola; el caso es que, no sé por qué pero cada día me siento con más necesidad de protegerla. ¿ Será que mi cabecita nota que se me empieza a escapar, que ya no es tan bebé?

Tengo el instinto de un lobo y me encanta que mi hija reclame mi atención, pero es agotador. Todo el día detrás de mi, entre mis piernas, corriendo de puntillas con sus mini piernitas en cuanto me ve. Y yo, como un lobo pero derretida de amor cuando me lanza sus manitas para abrazarme. 


Firmado: Mamá. 

Desde que llegó Inés. 

Desde que tengo a Inés separo la ropa por colores antes de lavarla.

Desde que tengo a Inés me resulta muy fácil bailar en la calle un día cualquiera.

Desde que nació Inés he perdido calidad de vida, si Samantha Villar, no eres la única.

Desde que nació Inés hay más calcetines desparejados, no sé por qué.

Desde que nació Inés la casa está más desordenada y sucia que nunca, y me da igual. Hay cuadros sin colgar, ropa sin colocar y chupas y pañales en los lugares más insospechados.

Desde que nació Inés el tiempo pasa mucho más deprisa.

Desde que nació Inés no he vuelto a dormir una noche del tirón, pero curiosamente no me importa.

Desde que nació Inés hago las cosas porque si, sin que me plantee nada, que hay que bañarla, pues se baña, que hay que ir abuscarla a casa de los abuelos después del curro, pues se va, que hay que hacerle potaje, pues se hace. No hay forma de escaquearse, ni me lo planteo.

Desde que nació Inés cualquier excusa es buena para que Papá y yo nos demos un homenaje casero: un capítulo de una serie, una peli, la final de murgas, la gala Drag, un partido de lo que sea. Cuando antes no nos bastaba mucho para echarnos a la calle a cualquier bar, ahora hacemos lo mismo pero en casa.

Desde que llegó Inés leo muy poco. Intento buscar cualquier hueco, pero no es fácil de encontrar. Puede que sea por lo de los ‘homenajes’ que dije antes.

Desde que nació Inés me siento más completa, más cansada, más plena, más abrumada, más feliz. En fin, podría seguir eternamente…desde que nació Inés…

Firmado: Mamá.

Carnaval de día 

Nuestro primer carnaval de día con Inés se resume así rapidito en un par (o más) de puntos. 

1. Es un gran invento, muy divertido. Y yo que pensaba que sólo podía pasarlo bien de noche en carnavales. 

2. Imprescindible disfrazarse, tooodo el mundo, no me vale que los papás vayan de calle y los niños disfrazados. Con una peluca o la cara pintada es más que suficiente, no me sean sosos. 


3. Es posible ir con cochecito de bebé, nosotros fuimos con mochila, pero reconozco que los 10 kg de Inés terminan cansando; eso sí, nos metimos por todas partes. Con el carro será más limitado, pero lo veo factible. 

4. Se recomienda ir desde por la mañana, a eso de las 12 es buena hora, creo, aunque nosotros bajamos a las 3 y aquello estaba en pleno auge. 


5. Y esto es una recomendación en general para los carnavales: si estás dentro del mogollón y quieres avanzar, hazlo al ritmo de la música, baila mientras caminas y es más fácil y además divertido. 

Nos vemos en la calle. 

Firmado: Mamá carnavalera.