Gracias

Lo mas difícil de ser padres, así en general y hasta el momento, es construir el mundo en el que vivirá tu familia, diseñar las reglas y mantener ese universo, sin la interferencia de los demás. Parece una tontería, pero no lo es. Cuesta, a veces un mundo, pero me niego a que nadie decida por nosotros cómo debe ser nuestra familia, cómo debe criarse nuestra hija, cómo debo comportarme con ella. Seguramente nos equivocaremos en mil cosas, pero ni mis padres ni los de mamá permitieron que otros tomaran las decisiones por ellos y nosotros no salimos nada mal, qué demonios.

Inés no va a la guardería. Cuando estaba a punto de cumplir los dos años empezó a dormir en nuestra cama y su cuarto ya sólo sirvió para jugar. Sigue con chupa. No probó la leche de fórmula hasta que voluntariamente pasó de mamar. Ni nada que no fuera lactancia, potajes o fruta. Ahora se lo come todo. No tiene pediatra privado. Nuestra intención es que vaya a un colegio público, a uno que nos quede cerca de casa. No está bautizada ni lo estará, al menos, hasta que ella no lo decida. Nuca nadie le rezó y no tuvo ‘aires’ ni ‘males de ojo’.

La mayoría de esas cosas no las habíamos decidido antes -algunas otras por supuesto sí-. Llegó Inés y nos las fue chivando a base de ensayo/error, como todo en la vida. Y si volviéramos atrás seguramente no le hubiéramos puesto los pendientes ni la hubiésemos pasado tan pronto a su cuna. Es verdad que tenemos la suerte de que mamá y papá comparten la gran mayoría de las ideas.

Muchas sé que son necesariamente revisables -mierda, otra palabra que la derecha se llevó-, que tendremos que irnos inventando nuevas reglas a medida que las de ahora dejen de funcionar. Pero serán las nuestras. Así que al próximo que nos diga que es importante la guardería porque se socializa con otros niños, que la chupa (y el bibe) hay que quitarlo ya porque se le deforma la boca, que la pareja necesita la intimidad de dormir solos, no prometo que no le pegue cuatro gritos, que no le diga que hay corrientes en la psicología infantil que dicen que hasta los cuatro-cinco años los niños no juegan con otros niños, que es mucho peor la deformación que provoca chuparse el dedo, que la pareja también necesita descansar alguna noche completa y puede buscar su intimidad en otros lados y a otras horas… Pero lo más importante de todo: que en nuestra familia las normas las ponemos mamá y yo y que si queremos consejo ya lo pediremos nosotros. Gracias.

Advertisements

El horror.

A veces me horroriza el ser humano, así como me maravilla.

Estos días hemos asistido a la resolución terrible de un suceso terrible: la desaparición de un niño de 8 años se saldaba con el descubrimiento de su cadáver y la detención de, digámoslo así, su madrastra como autora confesa del crimen.

No quiero entrar en pormenores y en datos porque apenas los conozco, mejor dicho, no he querido conocerlos. Y a eso voy.  Siempre me he considerado una persona muy empática, pero desde que nació Inés puedo afirmar que mi empatía se ha multiplicado exponencialmente, sobre todo en lo que respecta a temas de niños y de paternidad, supongo que les pasará a todas las mamás, no lo sé.

Lo que yo quería decir a todas estas es que estoy horrorizada. Horrorizada por la desaparición de un niño, horrorizada por el desenlace; soy incapaz de imaginarme cómo debe estar pasándolo la familia, es inconcebible para mí, debe de ser un dolor insoportable, eterno. Pero es que estoy horrorizada por cómo ha reaccionado el pueblo cuando detuvieron a la autora del asesinato, con una concentración espontánea en la que se pedía hasta la lapidación de la individua. Y yo dejo aquí una reflexión: ¿hacia dónde nos lleva esto?, ¿en qué punto nos coloca esto como seres civilizados?

Yo también estoy triste por este desgraciado suceso, indignada, dolorida, pero no creo que la solución sea rebajarnos hasta ponernos a la altura de esta asesina. Aquello de lo de ojo por ojo nunca nos llevó a nada bueno.

Sólo deseo que nadie nunca más tenga que pasar por algo así, que la familia pueda hallar algún tipo de consuelo y de tranquilidad.

Descansa en paz, Gabriel.