Cosas que estamos haciendo mal.

Hoy sorprendí a Abuela casi que disculpándose con una señora que le había preguntado que si Inés iba a la guardería. Y empecé a pensar en la cantidad de cosas que Papà y Mamá hacemos mal con nuestra hija a ojos de la sociedad.

1. La alimentación y sus variantes. 

Aquí por supuesto la lactancia se lleva la palma. Que si no tengo suficiente leche, que la niña se queda con hambre, que en cuanto deje de mamar va a dormir más… El otro día leí un artículo de Armando Bastida que hablaba de la gente que quiere decirle algo a los padres y utiliza a los hijos como dirigiéndose a ellos cuando en realidad están hablándole a los padres; y es verdad. Por ejemplo: ‘huy, que mayor estás ya, dile a tu mami que te de un bocata de chorizo’. Como esa todos los días. En realidad es la alimentación de nuestra hija lo que genera más conflictos a nuestro alrededor. Ha habido tantos cambios de una generación a otra, hablo de lo que recomiendan los pediatras, que esto genera mucha polémica con nuestros padres y abuelos. Por ejemplo, mi primer potaje fue de acelgas, recetado por el pediatra, sin embargo, hoy Inés aún no ha probado las verduras de hoja verde. 

2. La hora de dormir. 

Cada bebé es único, y tiene sus manías igual que los adultos. Una de las cosas que se oye también mucho es: ‘porque Fulanito puso a su hijo a dormir en su cuarto solo desde los 4 meses…’ Te lo dejan caer así como quien no quiere la cosa, para que tú lo sepas, que hay vida más allá del colecho. 

Yo misma era de las que pensaba que iba a pasarla a su cuarto lo antes posible, pero hay que ver cómo cambia el cuento. Teniendo en cuenta que Inés se despierta varias veces por la noche buscando la chupa, pues que quieren que les diga, me parece más cómodo tenerla al lado, y me encanta, además. Ya habrá tiempo para que se vaya a su cuarto y lo disfrute. 

3. La chupa 

O  Santa Chupa, como la llamamos nosotros más de una vez. Que si se le van a torcer los dientes, que si luego no te coge el pecho, que si se va a hacer dependiente de ella. Lo único que sé es que le calma la ansiedad, por mi, genial, y por ella también. 

4. La mochila. 

Nunca pensé que el porteo generase tanta controversia, de verdad. Cuando me quedé embarazada fue lo primero que me compré: un foulard elástico azul marino que va con todo. Con el tiempo me he pasado a la mochila porque me parece más práctico para mí, pero sigo usando el foulard de vez en cuando. 

Pues bien, he de decir que mi entorno ahora lo ve estupendamente, pero costó. ‘Se te va a caer, ten cuidado’, ‘¿no está demasiado apretada ahí dentro?’, ‘huy, pero tiene que estar pasando muchísimo frío’ (o calor, según el tiempo que hiciese ese día), ‘ojo, que ahí se te acostumbra a los brazos y a ver qué haces luego’. Podría seguir un rato más, pero bueno. 

Hay muchas cosas más que Papá y yo estamos haciendo mal, pero ¿saben que?, voy a terminar aquí y así tengo para otra entrada futura 😜

Firmado: Mamá. 

Piel. 

Les voy a hacer una revelación: la piel de los bebés no es suave. Por lo menos al principio; tengamos en cuenta que vienen de un medio acuoso y están adaptándose a uno seco, así que es bastante áspera, si me apuran, hasta escamosa. No sé cuánto tiempo pasa, pero bastante, hasta que lo tocas y reconoces aquella expresión ‘suave como el culito de un bebé’  (ocurre igual con la expresión ‘dormir como un bebe’, ¿perdona?)

El caso es que además, tú bebe puede nacer con piel atópica, lo cual por lo visto es cada vez más común en Canarias, debe de ser por el clima, y entonces te dicen que tienes que tener una serie de cuidados extras. En realidad son pautas y consejos  a los que te puede llevar perfectamente tu sentido común y que son bastante útiles para todos los papás, creo. 

Lo primero es que cuidemos la ropa que le ponemos a nuestros hijos; ya lo dije: sentido común. Busca las prendas 100% de algodón y con los tintes más respetuosos posibles, que estamos hablando de una piel nueva, que nunca ha estado en contacto con nada. 

Lavaremos la ropa siempre antes de que entre en contacto con nuestro bebé, que a saber por dónde ha pasado en su largo periplo desde China o Bangladesh (es así, no se escandalicen, ojalá fuera distinto), y siempre sin suavizante, de hecho, nosotros ya no lo usamos para nada (no te aporta nada y encima te ahorras un dinero). Otra cosa que hay que hacer siempre es descoser si se puede, las etiquetas, para lo que yo uso una herramienta muy pequeñita, rápida y barata; si no se puede, pues las cortamos muy pegadita a a la ropa para que no haga daño a la piel, que luego salen unos ronchones que no veas. 

Descosedor muy práctico.

La siguiente recomendación está relacionada con la hora del baño. Olvídate de los largos baños relajantes con tu bebé, un bañito rápido y fuera, con agua tibia más que caliente y un jabón especial. Nosotros estamos utilizando ahora la gama del Instituto Español, por el momento a Inés le va bien. A ver, que no pasa nada tampoco porque juegue en la bañera un rato, pero vamos, que no es lo ideal para todos los días. 

Al salir del baño, secaremos a nuestro peque con pequeños toquecitos, no seamos brutos, que el niño no ha estado cavando papas y le aplicaremos una crema emoliente, para que la piel se mantenga hidratada. Nosotros combinamos dos, porque además, la piel tiene la particularidad de que se acostumbra, así que es bueno variar: Leti AT4 y la del Instituto Español, y no, no me están pagando por la publi, una lástima. Los aceites no aportan ni suavidad ni hidratación, para que lo sepan, y además he leído que algunas marcas no son precisamente buenas para nuestros peques. 

En verano puede aparecer la sudamina, en forma de pequeñas ronchitas producidas por el sudor, a nosotros en ese caso nos va bien aplicar en la zona un poquito de pasta al agua, igual que en el culito y las marcas que deja el pañal: magia. 

Y lo demás sigue siendo de sentido común: cambios frecuentes de pañal, para que no se roce, pasta al agua en cada cambio y más agua y jabón que toallitas perfumadas para limpiarla. 

Firmado: Mamá.

Con Inés he aprendido…

Que olvidé todas las letras de canciones infantiles menos Un barquito de cáscara de nuez.

Que todos tenemos un límite por más paciencia de la que presumamos

Que no vale de nada prever cómo va a ser tu hijo, llega y rompe cualquier esquema.

Que si te quejas de que duerme poco siempre habrá algún padre que diga haber sufrido más.

Que si tu hija tiene los ojos claros siempre habrá quien diga que al de él le cambiaron a los tres meses, a los seis, cuando deje de mamar, al año…

Que el tópico de que no quieres a nadie como tu a hijo es verdad absoluta.

Y de que el tiempo pasa más rápido por él, también.

Que la gran mayoría de las leches de fórmula tienen aceite de palma (y es legal).

Que las ciudades, al menos las mías, no están adaptadas para un carrito.

Que la mejor inversión que hemos hecho desde que nació Inés es la mochila de porteo.

Que nacemos con la capacidad de darle a la gente lo que espera de nosotros: instinto de supervivencia.

Que no pasa nada por imaginarme cómo sería mi vida si no estuviera ella porque al segundo la quiero aún más.

Que esto del amor a un hijo parece no va a parar nunca de crecer.

Que soy capaz de dormir en el filo de una navaja si se tercia, pero despertarme sin pensar en cuanto ella me necesite.

Que soy capaz de escribir con una mano, mientras con el otro brazo la sujeto a ella y quito todos los peligros posibles de una mesa de escritorio. Y no se me da mal. Para ejemplo este post.

Que soy capaz.

Firmado: Papá.

Inés 

Inés tiene casi nueve meses y está aprendiendo a gatear, mientras repta hacia atrás y hace la croqueta  sin parar.

 A Inés le cuesta quedarse dormida si se pasa de hora, y se enfada porque está cansada y no puede dormir, y se rasca las orejas y la nariz. 

Inés es una niña buena, inocente, cada vez menos bebé, con la mirada limpia y los ojos también, los más limpios que he visto nunca. 

Inés es bruta, no mide la fuerza y me araña la nariz y la boca si me despisto. 

A Inés le gusta dormir en la cama con papá y con mamá y despertarlos cada mañana con su mejor sonrisa, siempre. 

A Inés le gusta comer de mi teta derecha solamente, sobretodo de madrugada, mientras con su manita me busca la cara como para cerciorarse de que de verdad estoy ahí (y arañarme si me despisto)

Inés a veces grita muy fuerte y le da igual dónde estemos. 

A Inés le gusta mirar a los desconocidos y darse manotazos en la barriga. 

Inés sabe hablar: dice ‘papapapapa’ constantemente y ‘uuuuga’ y ‘tatata’ y hasta ‘te-ta’

Inés es lo más bonito que tengo y ahora mismo está dormida a mi lado en esta suave tarde de sábado que no cambiaría por nada en el mundo. 

De vacaciones con Inés 

Estas fueron nuestras primeras vacaciones en familia. Este año decidimos quedarnos por la zona, es decir, por el archipiélago, en lugar de irnos a la Península. Nos decidimos por ir a Lanzarote con parte del resto de la familia, así en plan tranquilo, en parte por nuestra inexperiencia con Inés y en parte porque queríamos un plan suave, de descanso. Aun así y es de lo que va esta entrada, no dejaba de ser el primer viaje de nuestra niña.

Lo primero fue averiguar si necesitaba sacarle el DNI a Inés, y lo cierto es que no, no hace falta, lo que sí nos pidieron fue el certificado de residencia, que en el caso de Canarias en realidad es bastante común, así que listo, lo sacamos digitalmente y sin problemas.


La mayor incertidumbre la teníamos con respecto al viaje en avión; preguntamos al pediatra y nos dijo que sin problema, que nos recomendaba, eso si, que le diera pecho en el despegue y en el aterrizaje, por aquello de la presión en los oídos, creo. Esto sin embargo sí que nos supuso un pequeño problema a la hora del vuelo, puesto que, es muy complicado darle pecho a un bebé en la posición en la que se tiene que colocar por seguridad, esto es, sobre las rodillas de la madre (en este caso) y acoplada al cinturón.

Y en este punto me gustaría hacer una reflexión.


Nosotros llevábamos a Inés en la mochila porque nos parecía más cómodo para todos y así la subí al avión, pero una vez allí tuve que colocarla como ya he dicho: sentada sobre mis rodillas mirando hacia adelante. En primer lugar no es una postura nada natural para un bebé de seis meses y en segundo lugar, he reflexionado que me parece más seguro que fuera como yo la llevaba en la mochila: pegada a mí y a contramarcha, de manera que si pasara algo no se diera de cara contra el asiento de delante que, dicho sea de paso, está a 5mm, bueno, exagero, pero no mucho. No sé, es una idea que me surgió.

El caso es que el vuelo fue bastante bien, Inés no estuvo nada molesta y pude darle teta de todas formas. Si bien, es cierto que el vuelo Tenerife-Lanzarote dura un suspiro.

Otra de mis preocupaciones era el calor y además se había anunciado una ola de calor. Leí mucho, me descargue un pdf con recomendaciones y todo, y nos preocupamos de alquilar un coche con aire acondicionado. Todo fue bien, por suerte. Ventilábamos y refrescábamos el coche antes de subir, mucho protector solar y evitamos por supuesto las horas centrales del día para ir a la playa. Nos dimos unos increíbles baños al atardecer. Y algo curioso que no sabía, no sé si es a la mía o es algo en general de los bebés, pero a Inés no le gusta beber agua, pero nada de nada, así que se incrementó la demanda de teta, y yo feliz, que quieren que les diga.
Por otra parte, una de las cosas que he averiguado estas vacaciones es que hay hoteles e incluso restaurantes que no son “baby friendly”, es decir, que no quieren que haya niños por ahí, vaya. Me llamó mucho la atención un restaurante en Arrecife que nos dijo que no tenía mesa libre cuando en realidad sí que habían varias; se me ocurrió mirar en internet y tenía varios quejas  diciendo que no les habían permitido entrar con carros, porque quitaban espacio.


Así pues, hemos pasado unas vacaciones en familia tranquilas, relajadas, disfrutando. Hemos pasado Papá y yo las 24 horas del día juntos y con Inés; ha sido nuevo, intenso y bonito. Ahora viene la vuelta al curro, el tener que dejar a Inés con los abuelos y abuelas y echarla mucho de menos los ratos que no la tenemos.
Y verla crecer casi por días. El último día de las vacaciones lo dediqué a quitar la ropa que le queda pequeña y lo crean o no me deprimí un montón, es increíble lo rápido que pasa el tiempo.


Firmado: Mamá.

Semana de la lactancia materna

Estos días se celebra la Semana internacional de la lactancia materna y me enorgullece decir que aquí seguimos Inés y yo (y las tetas, una más que la otra pero bueno)

En estos seis meses de LM en exclusiva he constatado que el esfuerzo vale la pena. Nuestra hija está sana, gordita, de muy buen humor siempre, revisión tras revisión pediátrica ha ido ganando peso y no ha necesitado ningún suplemento, hasta que ha empezado con la alimentación complementaria, claro, pero su alimento principal sigue siendo leche materna. 

Señores, la teta es lo mejor: es barato, muy cómodo, es alimento, es consuelo, es analgesia, es somnífero, es apego. Mamás del mundo: si no se puede dar el pecho no pasa nada, en serio, pero si tienen esa posibilidad, aprovéchenla, por ustedes y por sus hijos. Y, por favor, gentes del mundo que no han dado de mamar por cualquier motivo, no nos digan a las mujeres lactadoras cómo se hace, no pongan en duda lo que alimenta nuestra leche o la cantidad de ésta, no nos digan cómo lo hicieron ustedes, ya sabemos que es una opción totalmente válida, pero no es la nuestra. Nuestros bebés no se van a desnutrir, para vigilar eso están los pediatras si ocurriera, y bastante tenemos ya con nuestra inseguridad propia, sumada al cóctel de hormonas tras el parto y el caos en sí de la nueva situación. Así que por favor, apóyennos y dígannos de vez en cuando: ‘Qué bien lo estás haciendo’

Firmado: Mamá. 

El destete. 

Inés tiene seis meses, es hora de que empiece con la alimentación complementaria COM PLE MEN TA RIA.

Estoy harta de que me digan: ‘verás como ahora es mucho mejor’, ‘ahora dormirá más’. Anoche, mientras Papá preparaba el biberón con leche de fórmula (llena de aceite de palma, por cierto) y cereales, yo sólo podía pensar en que voy a perder ese momento cuando llego del trabajo y nos acostamos juntas en la cama mientras Inés mama. Y es demasiado pronto, para mí lo es.

Ya sé que Inés está creciendo, que es lo normal y sano, y que lo de la leche de fórmula lo arreglo sacándome leche, pero, que quieren que les diga, no me da tiempo, es así, aunque no me crean. Nunca he tenido un banco de leche en el congelador, me ponía contenta si llegaba a tener para una toma; ahora mismo tengo una bolsita con 60ml, pero es que he llegado a congelar hasta 5ml, me da igual, para mí eso es oro.

El caso es que anoche le dimos a Inés su primer bibe con cereales y yo después me eché a llorar. Un poco por las hormonas, supongo, y un poco porque veo como se me escapa de las manos esta etapa de bebé-bebé. Inés no volverá a ser tan pequeñita y cada vez me necesitará menos, y eso está bien y es sano, pero a mi me pone triste. Cada vez publicaré menos fotos en instagram con los hastags #lactanciamaterna o #breastfeeding, dejaré de sentirla tan cerquita, la teta ya no será lo único que la calme durante un berrinche, dejará de haber algo entre nosotras que sólo ella y yo podemos sentir. Inés ya no será tan mía, sino un poquito más del Mundo. Y eso es lo normal y está bien y es sano, pero yo hoy, egoístamente, estoy triste.


Firmado: Mamá.

Pd: hay que ver cómo cambia uno con esto de parir.