Pendientes

Creo que no lo había pasado peor en mi vida como el dia en que  le pusieron los pendientes a Inés. Si, es una tonteria y una exageración, pero así fue. Si pudiera volver para atrás no se los pondría, que se los ponga ella cuando le de la gana. 
Sabía que no quería ponerselos, pero transijí porque la parte mas racional de mi cerebro me decía que era una estupidez. Es cierto que era muy pequeña y que no le ha supuesto ningún tipo de trauma, pero que quieren que les diga, a mí si. No estuve presente en el momento, lo estaba el padre, pero la oí llorar desde fuera y cuando entré dispuesta a darle teta sinceramente, me derrumbé. Ella ya estaba bien (santa teta), pero para mi era como si le hubiesen quitado parte de la perfección con la que nació, era un poco menos mía, era más  del mundo y la verdad es que me dolió mucho. 
Ya he dicho que era una tontería, pero pensándolo a posteriori creo que mi reacción, mi miedo, es porque cuando un bebé nace es perfecto, pero enseguida comienza a degradarse; me explico, es el ciclo inevitable de la vida, nacemos para morir, nuestro cuerpo se esta degradando. De esto tambien me di cuenta al comparar la piel de mis manos con la de Inés,tan pura y limpia, sin manchas, sin arrugas ni cicatrices. 
Así que, ¿por qué marcarnos desde tan pequeños?, disfrutemos de la piel en su esplendor, de los tejidos y las formas de cuerpo como son en un principio. No me disgusta ahora ver a mi hija con pendientes, pero ojalá no se los hubiera puesto, vaya tontería, ¿no?

Firmado: Mamá.

  

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