Vértigo

Escribí esto hace bastante tiempo ya, sirva como entradilla para este blog. 

Vértigo. De repente casi estoy entrando en el tercer y último trimestre y casi ni me he dado cuenta. Todo ha sido diferente a como me esperaba. Es verdad que he tenido, o mejor dicho, estoy teniendo un embarazo estupendo; y más estas últimas semanas, que me encuentro con más energía. Pero también es verdad que al final no he hecho nada de lo que se supone que hacen las embarazadas, no he ‘vivido’ mi embarazo como una etapa crucial en mi vida (que lo es), no me he sacado fotos de la tripa cada mes, en definitiva, creo que todavía no he hecho eso que dicen de ‘disfrutar de tu embarazo’. Es más, me propuse escribir un blog con mis ideas y reflexiones acerca de todo este asunto y no lo he hecho, sencillamente por falta de tiempo. 

Desde que supe que estaba embarazada, allá por principios de verano, mi idea ha sido: cuando me den la baja haré un montón de cosas, podré dedicarme a hacer una línea de Elektra en condiciones, me apuntaré a la piscina, me apuntaré a la Uned para sacar una asignatura, en fin. Pues bien, nada de eso, aún no tengo la baja, el trabajo se ha complicado muchísimo y de repente esta noche lo veo todo en el aire, y mi barriga sigue creciendo, y yo sigo sin ‘disfrutar de mi embarazo’, aunque igual es que no sé cómo se hace eso. 

Lo único que sé es que cada vez veo más cerca el final de esta etapa de nueve meses que se están pasando a la velocidad del rayo, y que a mi, de repente, me han entrado unas ganas locas de hacer cosas: viajes, conciertos, lo que pille, porque creo que en febrero, o antes, voy a crecer de golpe y siento como si de repente mi vida ya no va a ser mi vida, como si ya no fuera a divertirme nunca más, como si fuera a ser otra persona a partir del nacimeinto de Inés. Y eso me asusta porque me gusta como soy y me gusta lo que tengo ahora en mi vida. 

Me gusta comprarme libros ilustrados, me gusta comprarme figuritas infantiles y cualquier cosa naif que pueda colocar en algún rincón de mi casa o colgar en alguna puerta. Me gusta reírme con Domingo y hablar tonterías y sin tapujos. Me gusta tener el coche lleno de cosas, me gusta mi lavadora fucsia y mis láminas tímidamente ofensivas colgadas en el salón. Me gusta tener banderitas de cumpleaños en las paredes y fotos mías en sujetador en la puerta del comedor. 

Pero a veces pienso que en febrero, o antes, con la llegada de Inés, voy a tener que meter todas esas cosas en una caja y guardarlas para siempre. Pienso: mi madre no tiene una lavadora fucsia en el salón, ni cubiertos colgando de una lámpara; ella tiene una colección de teteras y muchas cajas en el altillo. 

No quiero convertirme en una madre, quiero ser la madre de Inés, pero seguir siendo yo. No me gustan los cambios, nunca me han gustado y este será el mayor cambio de mi vida con diferencia, y lo he decidido yo, curioso, ¿no?

Esto lo escribí allá por octubre de 2015. Ya ha pasado tiempo, por fin #InésIsHere, la lavadora fucsia sigue en su lugar, pero todo ha cambiado (para mejor). Creo que es el momento de escribir este blog, para que papá y mamá puedan expresarse, porque hay mucho, pero mucho que contar sobre paternidad. 

Firmado: Mamá

  

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